sábado, octubre 31, 2009

Epic



Lo primero que me gustó de Faith No More fueron los teclados de Roddy Bottum. En esos simplistas años de colegio, ser tecladista y rockear eran conceptos incompatibles. FNM me pareció de otro planeta y “Angel Dust” era un adorable bicho raro. La segunda cosa que admiré del grupo fue su obsesión por sacar singles tan peculiares, peces globo que se pasean entre la fórmula radial perfecta y extrañas convulsiones melódicas: “From Out of Nowhere”, “Epic”, “Falling to Pieces”, “A Small Victory”, “Everything´s Ruined”, “Digging the Grave”, “Ashes to Ashes”, “Last Cup of Sorrow”, “Stripsearch”… incluso cuando sonaban domesticados (“Evidence”, “Take This Bottle”) o hacían versiones (“Easy”, “I Started a Joke”) había algo inquietante y perverso. La lava debajo del suelo. Verlos en vivo por primera vez, en la “gala” del Caupolicán, fue la sensación opuesta a The Prodigy, porque todo sonaba nuevo y salvaje. Como no soy un fan incondicional, no había expectativas que cumplir, sólo canciones que disparar. Y en eso la banda no falló porque son un tejido a prueba de balas y Mike Patton es un Bielsa, un pájaro loco de Marte que te muerde los tímpanos y te despierta con golazos. Sólo bastaron “Midlife Crisis”, “Be Aggressive” y “Surprise! You´re Dead!” para quemar la noche. Lástima que el sonido se apagó durante “We Care a Lot” en el concierto de La Florida. Prodigy, Los Morton, Los Peores de Chile, Supernova, Nicole, Faith No More y una lluvia de pollos. Todo en la misma semana. Tan noventero que dan ganas de comprar la Zona de Contacto en papel.

jueves, octubre 29, 2009

The Prodigy



Mi primera vez con The Prodigy fue el 24 de agosto de 1998 en el Teatro Monumental. Al día siguiente, ahí mismo tocó Björk y un poco antes, el 19, los Smashing Pumpkins hicieron zumbar la Estación Mapocho. Santiago nos pareció TAN internacional. Eran días de entrada general, nada de tontera VIP ni Golden Circle ni Arma-Goddamn-Motherfuckin-Geddon Platinum. Todos juntos. Esa vez pagué 10 lucas, salí sordo, sudado y con electricidad suficiente como para iluminar un pueblo. Tenía un recuerdo demasiado potente de ese concierto, por eso cuando años después la banda volvió, con formación amputada, decidí no ir. Ahora venían los tres malditos electropunks y estaba nervioso. Más encima, la ocasión se prestó para reunirme con mis compañeros de departamento de hace una década, cuando vivíamos apretados pero felices en calle Vergara. Melrose Place, le decíamos. Un 2009 más noventero imposible: el Caupolicán pasará de Prodigy a Faith No More en menos de 24 horas. Recuerdos disponibles en caset y CD. The Prodigy fue una tormenta perfecta, un Terminator aplastando cráneos y tímpanos. Necesitaba ir a un recital sólo por querer, sin compromisos laborales adjuntos. Y fue la raja. Una sensación que extrañaba tanto que en medio de “Poison” me puse a reír solo. Me dolían las costillas entre tanto salto, patada mawashi y baile del robot con olor a azufre. La hora y quince que tocaron fue como recorrer un 10K a puros saltos. Anoche no hablé demasiado con mis ex compañeros. Pero nos reímos. Lois se fue tan motivado como siempre, con la promesa de juntarnos para Mike Patton & Co. Paula, quien introdujo la infección de Prodigy en nuestras vidas, estaba emocionada, con los ojos llorosos. Nos abrazamos como no lo hacíamos en años. Yo me quedé esperando a alguien que jamás apareció. Y de repente me encontré como en 1998: solo, de negro, con la plata justa en la billetera, caminando hacia la Alameda como parte de una extraña peregrinación nocturna. The Voodoo People. Miré la hora en el mismo reloj de entonces, canturreando “Omen”. La verdad está escrita ahí, en nuestros muros, y no se va a desvanecer. Porque el tiempo es el veneno y el remedio, al mismo tiempo.

domingo, octubre 18, 2009

DM



Quince años después, la emoción sólo mejora. El show en el Club Hípico tuvo muchos afectos y efectos, pero el más importante ya tiene forma de dogma: en 1994 Depeche Mode en el Velódromo fue más que un concierto: fue una experiencia sobrenatural. Un electroshock alimentado por un disco irrepetible, ese “Songs of Faith and Devotion” que envejece tan bien que da rabia y risa. La gran diferencia es que hace quince años la banda se estaba despedazando en vivo. Dave Gahan chapoteando en drogas y paranoia, sobre todo tras enterarse del suicidio de Cobain; Martin Gore alcoholizado y autista; Alan Wilder tocando con furia, a punto de abandonar el grupo; Andy Fletcher, colapso nervioso mediante, ni siquiera estaba y fue reemplazado por Daryl Bamonte. Ese “Exotic Tour” era una gira apocalíptica, cada noche parecía la última y esa radiación contaminó para siempre a los 20 mil que estuvimos ahí. El actual Depeche Mode es una superbanda en cada detalle, hacen la pega como campeones y su despliegue tecnológico es sólido. Pero también es una banda de rehabilitados, de egos domesticados, de héroes maduros que se cuidan y asumen que sobre el escenario hay mucho de rutina, como confesó Fletcher en nuestra Rock&Pop. Mientras en el “Devotional Tour” la banda abría con “Higher Love” en penumbras y detrás de velos, en el “Tour of the Universe” la banda inicia con “In Chains” sobre un escenario limpio y luminoso, incluso en las proyecciones. De hecho, los momentos más dementes corresponden a “I Feel You”, “In Your Room” y “Walking In My Shoes”, tres modelos 1993. DM mostró también debilidad al elegir las canciones de “Sounds of the Universe” para este tramo de la gira: “Fragile Tension”, “In Sympathy” y “Come Back” son mejores canciones que “Jezebel” y “Miles Away / The Truth Is”. Pocos días antes, los Pet Shop Boys dieron un tremendo concierto donde las nuevas canciones estaban perfectamente secuenciadas con los clásicos. “Strangelove” y “Master and Servant”, que han sido tocadas en otras fechas, probablemente habrían funcionado mejor que “Stripped” y “Fly on the Windscreen”, dos de mis canciones favoritas que terminaron enfriando a 40 mil personas más deseosas de música para las masas. En el Facebook de R&P alguien comentó que DM dio un gran concierto, pero nada extraordinario. En mi caso, el factor emocional se impone, porque DM fue la primera banda grande que vi en directo. Y como más encima los guardias me quitaron la entrada, sólo me queda la memoria para volver a ese instante perfecto. Quienes este 2009 tuvieron el privilegio de ver a DM por primera vez, seguro no lo olvidarán. Porque todos esperamos que la noche caiga y que las cosas luzcan mejor con los ojos entrecerrados en vez de abiertos.

miércoles, octubre 07, 2009

Random House



Sacar belleza de este caos es virtud, canta Gustavo Cerati en “Déjà
vu”. Compré su nuevo disco “Fuerza natural” el mismo día que apareció
en Bazuca.com y me acompañó en muchas caminatas. Cuando tuve el CD en
las manos, me di cuenta que escuché las canciones en su particular
orden de descarga. Aquí sonríen los fanáticos del vinilo, del caset y
de los álbumes conceptuales: en la era pre-digital el orden de los
temas eran tan importante como el arte del disco. Todos quienes
hicimos cintas para alguien que nos secuestró sabemos eso. La
posibilidad de ordenar las canciones de acuerdo a nuestro capricho, o
lanzarlas a pelear en el barro del random, estropeó la emoción de un
plan maestro original, de noches de insomnio y discusiones sobre por
qué “Planet Telex” lleva a “The Bends” y no a “Just”. El chiste es que
el último disco de Cerati es el peor secuenciado de su carrera y va
dando tumbos sólo para ponerse de pie con los pinchazos de “Cactus”,
que es el track 8 y debería llevarse un premio por Mejor Uso de la
Palabra Médano en Una Canción Pop. De ahí en adelante, el cincuentón
recuerda el arte de arribos y partidas que convirtieron “Amor
amarillo” y “Bocanada” en dos fortalezas. Si en Soda Stereo le cantó
al Efecto Doppler, acá asume el Efecto Dominó, y de ahí en adelante
todo se torna oceánico y cósmico, para terminar con “Numeral” y su odisea espacial modelo Bowie-Pink Floyd. En todo caso,
"Fuerza natural” no supera al anterior “Ahí vamos”; varias de sus
canciones más débiles tienen a su hijo Benito en la co-autoría. El
Ciudadano Sampler, atento vampiro y reciclador, se despacha nuevos
ceratismos para memorizar: “Tal vez lo más suicida sea decirte la
verdad / Preferí callar, a esta hora de la vida es lo mejor” y “hay
mecanismos de reseteo y nos olvidamos de backapear”. Si Maradona usó
la mano de Dios, Cerati le pidió el metrónomo para poner el tiempo en
suspensión. “Tracción a sangre” rapta a Bob Dylan así que tendré cien
años de perdón cada vez que robe "cuando te busco no hay sitio en donde no estés".

lunes, agosto 24, 2009

Eet



My God, It`s Full of Toys _ Sean Tubridy

Un día despiertas y te sientes diferente. Quieres describir, aterrizar, clasificar, catalogar esa nueva sensación. Pero fallas. A la mañana siguiente, repites la operación con el mismo resultado. El sentimiento es un loop. “Esta canción ya se escribió”, canta Cerati en “Deja Vu” y te hace gracia. Un Día de la Marmota sin Bill Murray y con tus amigos usando signos de interrogación como paraguas. Recurres a las viejas canciones con pianos generosos que antes te brindaron cobijo y suavizaban las respuestas. Pero falta algo. Entonces aparece el nuevo disco de Regina Spektor y encuentras una canción llamada “Eet”. Ella está haciendo las buenas canciones que faltan en los últimos discos de Tori Amos. Porque con los años Tori, como la mayoría, se fue enredando mientras cantaba mirándose al espejo. Una noche cualquiera Spektor te acompaña mientras caminas de vuelta a casa y le da forma al sentimiento. “Es como olvidar la letra de tu canción favorita. No puedes creerlo, siempre estabas cantándola. Era tan fácil y las palabras tan dulces”. Pero no la recuerdas, los bajos rebotan en el pecho y ahí estás usando tus audífonos para ahogar tu mente. “En mi sueño, estaba ahogando mis penas, pero mis penas aprendieron a nadar”, canta Bono en “Until the End of the World”. Te quedas pensando en el poder de las historias y Spektor se larga con “Wallet”, una película capturada en dos minutos y medio. En el siguiente acto, entra en escena Aimee Mann en el Teatro Teletón y es tan alta como la imaginaste. Su respiración dice “después de este concierto obtendrás un magíster en melancolía con mención en sentimientos inexpresables”, mientras pasea por todas esas canciones escritas con tinta invisible. Porque las cosas se ponen raras a la velocidad de la luz, Nightmare Girl. Yen el tercer acto, Arnaldo Baptista de Os Mutantes nos emociona desde el documental “Loki”, gentileza del SANFIC. El retrato de una vida que pasó por todos los despeñaderos y que encontró en los pinceles las teclas que faltaba liberar. Te sientes diminuto, tan mezquino, pero consciente de que la energía necesaria para caminar sobre las aguas está adentro, en algún rincón, lista para electrificar ciudades completas. Entonces comienzo el domingo corriendo 7 kilómetros en 40 minutos. Y los estallidos del pavimento remecen las ideas. Porque las cosas se ponen extrañas a la velocidad de la luz, Nightmare Girl.

jueves, julio 02, 2009

Tok Tok



Mientras mi cuerpo peleaba con la influenza escuché poca música. El dolor de cabeza obligaba al silencio. En medio de la recuperación me aferré a dos discos. El primero se llama “Illuminaciones” y es del cuarteto chileno Inverness. Parte de su encanto es que me recuerda a muchas queridas bandas de esos años ricos en cascadas de guitarras, muros de sonido y mareas eléctricas. My Bloody Valentine, Swervedriver, Ride, Lush, los primeros Verve, The Cranes, incluso los efímeros nacionales Sien y los incansables Casino. Al mismo tiempo, hay ingredientes de U2, The Cure, Radiohead e incluso de los Coldplay más gélidos. Con todo este revoltijo, el disco es un viaje por tu invierno favorito, por una mansión espectral pobladas por ecos y fantasmas. Y huye del pantano de la obviedad. A ratos, su belleza es gélida como un atardecer en Neptuno. A veces, las guitarras a fricción entibian la memoria. Un discazo con una bonita edición que puedes encargar por mail aquí.

Hablando de fríos eléctricos, está el apellido Rosenvinge y el nombre Christina. Alguna vez tocó con Los Subterráneos en un matrimonio musical fallido, no por los resultados, sino por la falta de conexión con esos muchachos que ni siquiera en las fotos salían guapos. Rosenvinge se lanzó como solista en 1997, luego hizo una alternativa trilogía neoyorquina, cuyo estupendo “Continental 62” forma parte del pasado de esta bitácora, y ahora regresó con “Tu labio superior”. Un disco en español, de vuelta en Madrid. En la canción “Días de tormenta” de 1994, Rosenvinge se mandó una frase que hasta hoy aparece en mi cabeza: “todo lo que dije / todo mi rencor / era miedo con disfraz de dignidad”. El nuevo disco es un almanaque de esos caleidoscopios verbales y es una antología de temas sobre el amor antes-durante-después del amor: la dificultad para guardar la distancia adecuada y aprender las lecciones, las puñaladas de la memoria, eclipses emocionales, amor tentacular, la reescritura del pasado, bocas que son perdiciones y arrogantes animales vertebrados que perdieron el control. Todo late en este disco. Rosenvinge es una granada de mano y su arma el susurro. Y aunque a veces las palabras suenan como alambre de púas, también hay terciopelo.

sábado, junio 27, 2009

Loving the Alien



Me despertó un telefonazo: “Murió Michael Jackson, de un infarto”. Pensé que era un efecto secundario de la fiebre y sus pesadillas. El mismo día en que Tamiflu se convirtió en mi copiloto, con el cuerpo apaleado por la influenza, MJ se apagó. Con mi mascarilla puesta contemplé el pegoteo televisado de imágenes del músico, usuario frecuente de tapabocas. Recordé que la única disquería de Molina, el Rensot, tenía un poster de “Bad” en la entrada. Con el paso de los años comenzó a desteñirse, igual que la piel del cantante. La última vez que lo vi estaba arrugado, con un MJ casi transparente. Ahora me dan ganas de haberlo comprado. Uno de los primeros cedés que escuché fue “Dangerous”, una orgía de sonidos digitales que fue mi primera incursión consciente en el universo de Jackson. Cómo sonaba ese disco. “Jam”, los cristales rotos antes de “In the Closet” (Naomi Campbell nunca lució mejor que en ese video) , los bajos robóticos de “Remember the Time”, las guitarras procesadas de “Black or White”, la épica de “Give In to Me” con Slash incluido. Recuerdo esos videoclips, sobre todo por “Sábado Taquilla” de TVN. Con mi amigo Lois alucinábamos con el código “DDD” que venía impreso en “Dangerous”, que indicaba que todo el proceso de grabación, mezcla y masterización había sido digital y no una transferencias desde cintas análogas. Esas pajas técnicas del nuevo formato nos comían el coco, esas eran las canciones que usábamos en las fonomímicas para la semana aniversario del colegio. Por esos días, Bobby Brown se autoproclamó “el nuevo rey del pop”. Patrañas que luego la historia puso en su lugar: fuera de Estados Unidos, Brown es más recordado como el ex marido que le aforraba a Whitney Houston. Nunca coleccioné a MJ, pero escuché todos sus discos, esperaba sus lanzamientos. Salté en una pata con “Scream”, esa colaboración en gravedad cero con su hermana Janet. Gocé con “Blood on the Dance Floor”. Me decepcioné con “Invincible” . Encontré la raja las reediciones de “Thriller”. Y estaba ilusionado con los próximos conciertos en Londres, que seguro habrían competido con U2 por el título de mejor show del planeta. Jamás imaginé que MJ llegaría a viejo. Mejor perderlo con esa impenetrable máscara de mutante de 50 años. Porque nadie, al natural, se podía ver como él con medio siglo encima. Ni siquiera Bowie. MJ era una anomalía, un extraterrestre entre nosotros. Quizás, como plantea la canción “Human” de The Killers, Jackson en algún momento dejó de ser humano y se transformó en bailarín. En el más grande y grandilocuente. Alguien que construye su propia Fortaleza de la Soledad, ese Mundo Mágico de país cuico llamado “Neverland”. La música es el peor lugar para buscar santos, pero sí es el sitio perfecto para buscar consuelo cuando todo falla. Jackson sabía. This is it.
 
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