
Lo primero que me gustó de Faith No More fueron los teclados de Roddy Bottum. En esos simplistas años de colegio, ser tecladista y rockear eran conceptos incompatibles. FNM me pareció de otro planeta y “Angel Dust” era un adorable bicho raro. La segunda cosa que admiré del grupo fue su obsesión por sacar singles tan peculiares, peces globo que se pasean entre la fórmula radial perfecta y extrañas convulsiones melódicas: “From Out of Nowhere”, “Epic”, “Falling to Pieces”, “A Small Victory”, “Everything´s Ruined”, “Digging the Grave”, “Ashes to Ashes”, “Last Cup of Sorrow”, “Stripsearch”… incluso cuando sonaban domesticados (“Evidence”, “Take This Bottle”) o hacían versiones (“Easy”, “I Started a Joke”) había algo inquietante y perverso. La lava debajo del suelo. Verlos en vivo por primera vez, en la “gala” del Caupolicán, fue la sensación opuesta a The Prodigy, porque todo sonaba nuevo y salvaje. Como no soy un fan incondicional, no había expectativas que cumplir, sólo canciones que disparar. Y en eso la banda no falló porque son un tejido a prueba de balas y Mike Patton es un Bielsa, un pájaro loco de Marte que te muerde los tímpanos y te despierta con golazos. Sólo bastaron “Midlife Crisis”, “Be Aggressive” y “Surprise! You´re Dead!” para quemar la noche. Lástima que el sonido se apagó durante “We Care a Lot” en el concierto de La Florida. Prodigy, Los Morton, Los Peores de Chile, Supernova, Nicole, Faith No More y una lluvia de pollos. Todo en la misma semana. Tan noventero que dan ganas de comprar la Zona de Contacto en papel.





